Estética I (Georg Lukács)


El libro que aquí se presenta al público es la primera parte de una estética en cuyo centro se encuentra la fundamentación filosófica del modo peculiar de la positividad estética, la derivación de la categoría específica de la estética, su delimitación respecto de otros campos. En la medida en que el desarrollo se concentra en torno a esos problemas y no penetra en las concretas cuestiones de la estética más que lo imprescindible para iluminar dichos problemas, esta parte constituye un todo cerrado, plenamente comprensible sin necesidad de tener en cuenta las partes que le siguen. Es imprescindible aclarar el lugar del comportamiento estético en la totalidad de las actividades humanas, de las reacciones humanas al mundo externo, así como la relación entre las formaciones estéticas que así surgen, su estructura categorial (forma, etcétera) y otros modos de reacción a la realidad objetiva. La observación, sin prejuicios, de esas relaciones arroja a grandes rasgos la siguiente estampa. Lo primario es la conducta del hombre en la vida cotidiana, terreno que, pese a su importancia central para la comprensión de los modos de reacción más elevados y complicados, sigue aún en gran parte sin estudiar. (Fragmento del prólogo escrito por Georg Lukács).


El Ente y la Escencia (Tomás de Aquino)


Teniendo en cuanta lo que nos dice el filósofo de que un pequeño error cometido en el principio resulta grande al final {De Cielo y Mundo, I); y sabiendo que el Ser y la Esencia son las primeras nociones que nuestro entendimiento concibe, según dice Avicena (Metafísica, V, inicio), por eso, primero para despejar dificultades y errores, explicaremos qué se significa en las palabras Esencia y Ente, y
trataremos de averiguar de qué modo se encuentran en la realidad y qué relación tienen con las nociones lógicas, es decir en los géneros, especies y diferencias, ya que verdaderamente del conocimiento de las realidades compuestas vamos a las simples y alcanzamos las nociones primarias de las secundarias o más inmediatas a nosotros, por ello de la significación de Ser pasaremos al significado de la Esencia, ya que es más conveniente para realizar esta disciplina empezar por la cosa más fácil. (Preámbulo de la obra, escrito por Tomás de Aquino). 

TRATADO DE LA PINTURA (Leonardo Da Vinci)


I. Lo que primeramente debe aprender un joven
El joven debe ante todas cosas aprender la Perspectiva para la justa medida de las cosas después estudiar copiando buenos dibujos, para acostumbrarse áun contorno correcto: luego dibujará el natural para ver la razón de las cosas que aprendió antes; y últimamente debe ver y examinar las obras de varios Maestros, para adquirir facilidad en practicar lo que ya ha aprendido.
II. Que estudio deban tener los jóvenes
El estudio de aquellos jóvenes que desean aprovechar en las ciencias imitadoras de todas las figuras de las cosas criadas por la naturaleza, debe ser el dibujo, acompañado de las sombras y luces convenientes al sitio en que están colocadas las tales figuras. (Dos primeros puntos del tratado escritos por Leonardo Da Vinci).

CONSOLACIÓN DE LA FILOSOFÍA (Boecio)


Boecio es, asimismo, autor de varias obras originales sobre lógica, matemáticas y música, y de varios opúsculos teológicos de contenido cristiano cuya autenticidad había sido puesta en duda, aunque parece establecida definitivamente desde los estudios de Krieg y, sobre todo, de Usener , que publica por primera vez un escrito de su contemporáneo y discípulo Casiodoro, donde asigna, efectivamente, estas obras a Boecio.

La autoridad de Boecio durante la alta Edad Media fue inmensa, y sólo puede compararse a la que ejercieron Aristóteles y San Agustín, pues es casi el único transmisor de la filosofía peripatética hasta fines del siglo XII, de la que sólo se conocía la lógica, la metodología y un resumen de la ontología. Él
fue quien suscitó la cuestión de los universales, que llena todo aquel período, y quien enseñó a los filósofos medievales los géneros filosóficos de la interpretación y el comentario que llegaron a ser característicos. Y en su libro De consolatione philosophiæ ofreció a la conciencia cristiana un sistema racional de teodicea que no contradecía al dogma; por eso llegó a ser uno de los libros más leídos, comentados e imitados de toda la historia de la filosofía, mereciendo su autor el dictado de ―noster sumus philosophus. Hoy podemos ver en Boecio al primer escolástico, pero también al último romano. (Fragmento del prólogo escrito por Alfonso Castaño Piñán).


ARISTÓTELES (Wegner Jaeger)


Aristóteles fue el primer pensador que se forjó al mismo tiempo que su filosofía un concepto de su propia posición en la historia; con ello fue el creador de un nuevo género de consciencia filosófica, más responsable e íntimamente complejo. Fue el inventor de la idea de desarrollo intelectual en el tiempo, y vio incluso en su propia obra el resultado de una evolución exclusivamente dependiente de su propia ley. En el curso de su exposición presenta dondequiera sus propias ideas como la consecuencia directa de la crítica de sus predecesores, especialmente de Platón y su escuela. Era, por consiguiente, filosófico y aristotélico, a la vez seguirle en esto, y tratar de entenderle por medio de los
supuestos partiendo de los cuales había construido sus propias teorías. Tales teorías no nos han dado, sin embargo, una visión de la índole individual de su filosofía; lo que no puede sorprender al filólogo, que no está acostumbrado a servirse de los juicios de un escritor acerca de sí mismo como de un documento objetivo, ni sacar de ellos sus patrones de medida. Especialmente inútil resultó juzgar a Aristóteles, como se ha hecho realmente, por su manera de entender a sus predecesores, como si hubiera habido jamás un filósofo capaz de entender a sus predecesores en este sentido. A buen seguro que sólo puede haber un patrón de medida positivo para apreciar la obra personal de Aristóteles, pero no es la forma en que él critica a Platón, sino la forma en que platoniza él mismo (pues tal es lo que significa filosofar para él). (Fragmento del preámbulo de la obra llamada “El problema” escrita por Wegner Jaeger).